Los mosquitos siguen atacando

Esta noche ha sido la peor de todas. Creo que hasta soñé que [los mosquitos] me picaban y me rascaba toda la noche en sueños. Cuando me desperté tenía picaduras en el brazo, en la pierna y en un ojo.
Sí, ahora tengo un ojo hinchado por culpa de los mosquitos, pero eso no es nada que no me haya pasado antes. Fui al trabajo tan digna como siempre, dejando ver que los bichejos han ganado la batalla esta noche, pero la guerra todavía no está decidida.
Tendré que ir a las tiendas a comprar esas cosas que se ponen de noche en las habitaciones, además de mi consabido rociamiento nocturno con OFF! repelente. No puedo permitir que esos parásitos se alimenten de mi y en mi propia casa. ¡Rémoras del verano!
Por otra parte, cambiando totalmente de tema (y saciando la curiosidad de algun@s lectores), he de reconocer que toda la introducción interfamiliar salió de perlas:
- En Galicia los suegros se encontraron como en casa, con una nueva familia que disfrutaba de comer, reirse y charlar. Además, dieron unos cuantos paseos por los campos verdes de aquellas tierras de los que quedaron hiper contentos. Otro punto a su favor fue la inmensa tranquilidad, que les permitió dormir alrededor de 12 horas en un solo día.
- En Madrid la cosa fue más breve, pero no menos divertida. Estuvimos cenando en una arrocería y entre mi padre y su padre había como un toma y daka de chistes difícil de romper. Posteriormente hubo muuuucha conversación, vino, risas... pero faltó una mejor colocación de la mesa para que todos los intervinientes pudieran explayarse a gusto.
En definitiva, mis miedos se fueron, me quedo tranquila. Aunque también es verdad que, posiblemente, cuando se vuelvan a encontrar, los miedos vuelvan a estar ahí.
Ilustración de Haggis Vitae.
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