domingo, febrero 17, 2008

Lisboa continua viva...


Tras muchos miedos (aún después de llegar) y un día en el que tuve que trabajar duro para desoxidar mi portugués, todo volvió a ser como antes y la calidez del Tajo me abrió los brazos de nuevo.
A pesar de que tuve algunos contratiempos y mucho trabajo, las cosas se alinearon de tal manera que me encontré por casualidad con mi casero por la feria a la que iba y pasé por delante de mi escuela mientras hacía una visita a un importador en Estoril.
La última noche en la ciudad intentamos llegar al centro antes de que cerrara la Fnac (cosa imposible, llegamos justo a las 10, pero ya había hecho provisión de libros en la Bertrand de Vasco da Gama), y al no poder hacerlo simplemente comenzamos a bajar hasta Rossio para coger la Augusta (turística, peatonal...) hasta llegar a la de los Remédios y subir siguiendo la línea del tranvía hasta el mirador de Santa Luzia.
Allí nos desviamos para ir a uno de los bares que más me fascinan de la ciudad, el Chapitô, una terraza al Tajo desde una de las partes más altas de la ciudad (está al lado del castillo) e increiblemente cerca de mi casa cuando vivía allí.
Era la noche de San Valentín y éramos las dos únicas personas que no iban en pareja a festejar el amor en estado consumista. Simplemente nos tomamos nuestras Super Bock y disfrutamos del olor a barrio viejo, a fadistas y tradición que tiene Lisboa.
Me quedé con ganas de más. Volví con ganas de quedarme.
Necesité tener a JFK a mi lado y explicarle cuales eran mis tiendas favoritas, en qué bar había mejor ginjinha o mostrarle el mercado especiado de Martim Moniz...
Habrá más ocasiones (ahora lo sé).
Lisboa permanece viva en mí. Está ya grabada en mi corazón para siempre (y yo también en el suyo).
PD: Y esto me sirvió para volver a comenzar a leer un libro en portugués.
Ilustración de JMathewes.

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lunes, febrero 11, 2008

En Comala comprendí (versión lisboeta)


En dos días me planto de nuevo en Lisboa, lugar en el que (aunque muchos no lo sepan) comencé a escribir este blog (en 2004).
Comencé el blog pocos días antes de volver definitivamente a Madrid, pocos días antes de acabar mi Erasmus de un año en la capital portuguesa, pocos días antes de que mi vida cambiase completamente.
Vuelvo ahora pasados cuatro años. Completamente diferente y con un cierto miedo de que la ciudad no me reconozca (o de no reconocerla yo a ella).
Vuelvo con el miedo que implica volver a un sitio que tienes mitificado, a una ciudad en la que transcurrió un año entero de mi vida, cuyos callejones me conocía de pe a pa (y que ahora no sé ni cómo se llaman), a un familiar olor a rancio, al sonido del fado en las tabernas de Alfama y Mouraria.
Es el trabajo lo que me lleva esta vez. Voy a una feria, pero espero tener algo de tiempo libre el jueves por la mañana para ir hasta Baixa/Chiado y comprarme algún libro en la Fnac, subir a la Brasileira a tomar un café con Pessoa y luego bajar a la licorería que hay entre Figueira y Rossio a comprar algo de licor de ginjinha para traer a España.
Se trata de un viaje corto y estúpido, de tres días, pero en mi interior es un paso importante. Esa ciudad me tuvo enamorada el año que viví allí, como una especie de conexión mágica que no sé si aún persiste. Este viaje en solitario (sin JFK con el que compartir experiencias) será la prueba de fuego.
Veremos a ver si es verdad eso que dice Sabina (con respecto a la ciudad de Cien Años de Soledad) que no se puede tratar de volver al lugar en que uno fue feliz...

Foto de Chefkoch.

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miércoles, junio 27, 2007

Dueña del título "Português, nível avançado".


Se acabó.

Aprobé mi examen de portugués, 5º de la Escuela de Idiomas. En teoría ya puedo hablar portugués a la perfección.

En la práctica las saudades me embargan y recuerdo más vivamente que nunca la poesía de mi año lisboeta, en el que pasaron muchas cosas regulares, pero conocí profundamente la cultura alfacinha.


Portugal se me antoja como un país totalmente por descubir, con magníficos castillos en pueblos desconocidos, villas templarias, playas casi vírgenes en pueblos marineros y mucha gastronomía (no sólo el bacalhau llena sus platos, creánme), sobre todo repostera.

En Lisboa, hay 3 modos de conocer la ciudad (a través del transporte), que nos muestran tres ciudades en una.

El eléctrico 28, paradigma de la compañía carris de transportes urbanos, nos transporta al bairro do castelo, alfama y acaba en el marginal y céntrico barrio de martim moniz (si se coge en la praça da figueira). Se trata esta de la Lisboa más tradicional y humilde, llena de casas de fados, bares en los que venden ginginha, pequeñas tiendas de comestibles, miradores en las colinas y muchos gift shops.

El eléctrico 15, paradigma moderno del sistema de transportes lisboeta, nos transporta a Belém, con su torre en el mar, con su monumento a los descubridores portugueses, con su monasterio de los Jerónimos, su Centro Cultural de Belém (fastuoso y con una programación extremadamente cuidada) y su tienda de Pastéis de Belém. Estamos hablando aquí de la Lisboa del pasado mejor, del tiempo de las conquistas portuguesas en alta mar, de los imperios de reyes que llenaron el país de maravillosos palacios. Esta Lisboa da pie a la saudade, sentimiento típico del portugués, recuerdos, sentimientos, tristeza, todo mezclado.

La línea vermelha de metro nos lleva directamente a la Gare de Oriente, sede en su día de la Expo 98 y paradigma de la Lisboa moderna, ya que dispone de un importante centro comercial, un oceanário (mucho, mucho mejor que esa papanatada que hay en Valencia) y mucha zona para pasear. Se trata esa de la Lisboa de negocios, la Lisboa de los nuevos ricos, que abandonan el viejo y desgastado centro de la ciudad para repoblar una zona cuyo caché aumentó con la presencia internacional.

Conociendo esas tres zonas se puede descubrir algo más del carácter de los portugueses, bastante opaco al principio pero totalmente transparente pasados los primeros contactos.


Guau, no os podéis ni imaginar cuantas ganas tengo de ir a Lisboa ahora mismo... quiero una semanita allí para comer mis pastéis, ir a la fnac, pasear por el bairro alto, subir a Santa Justa, tomarme una bica de café... y hablar portugués como alguien cualificado!!!!!!


Besos!


Foto del elevador da Bica (conecta Cais do Sodré con el Bairro alto). Paskauer.

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