
Creo que fuimos de vacaciones en mal momento para probar la auténtica comida sueca.
Al llegar el verano, los suecos cambian la carta de todos los restaurantes y pasan de los guisos típicos del invierno (para calentar el buche a -20 grados) a las ensaladas.
Nos costó mucho encontrar lugares típicos para comer, porque esas ciudades del primer mundo son un nido de McDonalds, Kebabs y restaurantes italianos y asiáticos.
También, como pasamos mucho tiempo en trenes, pues comimos muchos bocadillos de jamón ahumado (¿por qué no se ahuma el jamón aquí? jummy jummy...).
En Copenhague comimos un salmón ahumado increíble en unas tostas de una taberna que estaba llena de españoles (somos una plaga). Creo que ese fue el único pescado que comí durante todo el viaje.
En Estocolmo comimos en Gamla Stan (la isla vieja, donde está el Palacio Real), en un bar con un camarero español super majo. La comida fue IKEA total: albondiguillas con raspberry sauce y revuelto de patatas fritas con huevo y salchica. Vamos, que para eso nos podríamos haber quedado en Alcorcón.
En Goteborg llegó el colofón, las estrellas Michelin de la comida sueca: reno estofado, carne de res y cordero... a cada cual más bueno. Es una pena que la carne esté tan cara en ese país, porque la cocinan que da gusto.
Al parecer, según nos contó nuestro compañero de viaje en avión (un mexicano que llegó hace 4 años y medio a Goteborg, se enamoró de una sueca al cuarto día y allí se quedó), la carne de res es muy cara porque cuesta mucho dinero hacer sobrevivir a las vacas durante el duro invierno del país. Tiene sentido.
Es cierto, yo casi no vi vacas durante mis viajes en tren por el medio del monte (ya soy casi una experta, me he pasado alrededor de 12 horas metida en un tren en los últimos 4 días). Sólo vi caballos (muy recios y robustos) y algunas ovejas (pero no muchas, la verdad). La mayor parte de los campos estaban vacíos, no sé por qué.
Por otra parte, recomiendo vivamente los helados de Estocolmo, ya que hacen ellos mismos el barquillo (increíble). Hay un par de heladerías en Gamla Stan que son mitiquísimas (no me sé los nombres, pero son muy famosas) y tienen allí una chica y todo haciendo los barquillos a la vista del cliente.
Sí, lo sé... soy muy gastrónoma. Disfruto mucho de la comida. Es tan así que no concibo viajar un país y no pasar por un super para traerme las cosas-que-no-conozco que me gustan.
De Goteborg trajimos queso, salchichas, unos panes tostados y chocolate...
No hay como el placer del paladar.
Y con esto y un bizcocho, se acabó mi relato de vacaciones.
También se acaban mis relatos gastronómicos, que me he puesto a dieta de ensaladas de verano :S.
PD: Imagen de Estocolmo, buscada en Flickr.
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