Sevilla son lunares como naranjas

Ya estoy de vuelta a Sevilla.
Finalmente no pasé demasiado tiempo en el EBE pero sí conocí a muchos Hipertextuales, Weblogeros, Mobuzzeros, Microsiervos, Dans, caspososTV y hasta blogestudiosos. ¡Y todo eso el primer día!
Cumplí mi promesa de ver a Mr. Paniagua presentar el evento. Sobran las palabras ¿O es que se creen que fui a ver a Biz Stone y Enrique Dans charlando?
También intenté, en el poco tiempo que estuve, disfrutar de la ciudad y conocer lo más básico: Catedral, Ayuntamiento, Centro, Giralda, Torre del Oro, barrio de Santa Cruz, calle Sierpes...
Nos tomamos nuestro jabuguito con tinto de la casa, comimos en tabernillas de mala muerte (aunque la sopa de picadillo estaba de miedo), paseamos las complicadas calles hasta encontrar el bar más antiguo de la ciudad (de 1670), llamado Rinconcillo, en el que hay un curioso cartel que prohíbe el cante, vimos alguna exposición de arte postmoderno y compartimos tiempo con amigos que se acercaron a la ciudad a vernos.
También comprobamos la vaguería que llevan encima los camareros y los taxistas de esa ciudad. De verdad, el trabajo no está hecho para ellos y si encuentran al hombre que lo inventó lo matan. ¡Qué flojerío!
Me quedé encantada con la cantidad de naranjos de la ciudad (que contrarrestan el pestilente olor de los coches de caballos), que imitan los lunares del traje regional andaluz.
Y, como había anunciado, me compré mis zapatos de flamenca (rojos con lunares blancos), tras dar muchas vueltas por la ciudad (de la Alfalfa a Sierpes). Pero por fin podré superar ese trauma infantil de que no me disfrazaran de sevillana... mi arrma.
Foto de mis zapatos, según Carlos Martínez
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