La manzana podrida

Mi familia no es diferente, y hay varias manzanitas que bien podrían tirarse a la basura o hacer una rica compota (con azúcar, por favor), ya que para comer como fruta fresca no están muy servibles (quién sabe, a lo mejor para otros soy yo la compota).
Yo, que soy una persona hasta el extremo sincera y transparente, sufro estas hemorroides en silencio por no herir a quienes más quiero. Y eso es un debate interno que ni los del estado de la nación.
Cuando una persona se me presenta con una total falta de humildad, consciente de que los demás (su propia familia, oye) no tienen acceso a los mismos bienes que él y aún así regodeándolo, fantasmeando sobre su futuro económico (con un pasado y un presente de rata de alcantarilla que ni la virgen del puño in person), siendo el gallo de un corral que él mismo se inventó en su propia fantasía... Siento la total necesidad de crear una pantalla de cristal y sonrisa tipo Preysler para evitar que la ira me consuma y me haga responder consciente de que eso enfadará a la ignorante fiera, que no tiene otra salida que el "porque yo lo digo" para sustentar sus órdenes.
Desde aquí, desde mi impotencia te lo digo, querido. Y un pito pa ti.
Ilustración de Lady Orlando.














