martes, enero 08, 2008

Se acabó (definitivamente) la navidad


Sí, la navidad ya se acabó y todos los grinchs antinavideños pueden volver a salir de los agujeros de mal humor y negatividad en los que entraron estos días (por cierto, que yo no me incluyo entre ellos, este año medio disfruté la navidad).
Se acabaron los villancicos pasadísimos de moda (eso es música que no evoluciona con los años y, si lo hace, es de mala manera, estilo reggaeton) que atronan los oídos en cualquier centro comercial de barrio.
También se acabó el colorido espumillón y las reflectantes bolas, por no hablar de las luces de discoteca con las que algunas personas adornan sus terrazas.
Efectivamente, esos papás noeles que suben por las escaleras del 80% de las casas españolas volverán un año más al armario, tras haber demostrado al mundo que sus dueños compiten bien en su lucha por ser los más horteras del universo.
Digamos también adiós a las reuniones familiares para comer y ponerse ciegos de polvorones (¡di Zaragoza!), almendras, alfajores y turrón duro. Sí, no me olvido tampoco del roscón de Reyes (sólo es un día al año, pero cansino como él sólo).

Volvemos a la normalidad: al trabajo, al sueño matutino, a las colas del metro, a que no haya regalos debajo del árbol, continuamos con nuestro ritmo vital...

Comenzamos un nuevo año lleno de buenos propósitos que, seamos sinceros, se irán quedando por el camino. El primero de ellos es la dieta.

Me apunto al carro. ¡Estoy a dieta (10 kg menos, por favor, hasta que me tome el próximo pastel).

Ilustración de Yasenzz.

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lunes, diciembre 31, 2007

Arrieritos somos (augurios para 2008)




Primerísimo de todo quiero pedir disculpas por mi repentina desaparición: estuve unos días en Galicia, y de paseo con JFK y su hermano, ahora que estamos de vacaciones. Tuve un apagón digital, y me está costando reengancharme de nuevo (lo mismo con el móvil, del que me dejé el cargador y me quedé sin batería el primer día). Totalmente años '80 mis mini-vacaciones.

Ahora que he vuelto al siglo XXI me alegro de reengancharme, poco a poco, a mi droga digital...

Por otra parte, el último día del año es momento de reflexión y de hacer balance para mejorar o continuar así en el próximo ejercicio...

Soy una rebelde... el único balance que haré será el literario que hago habitualmente, al menos por ahora, que tengo el cerebro a medio fuelle.

Y esto no será ni siquiera hoy.

Sin embargo no quería dejar pasar esta oportunidad de desear los mejores augurios para el nuevo año que comienza: ojalá todas vuestras aspiraciones se cumplan. Sed ambiciosos, no os conforméis con la mediocridad... Aspirad a mucho para llegar, aunque sea, a medio camino.

Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Que tengáis muchos sonidos de cascabeles alrededor y muchas cometas en vuestras manos.

Ilustración de Xeyla

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jueves, diciembre 13, 2007

Semana vertiginosa


Esta está siendo una de las semanas más vertiginosas de mis últimos meses. Todavía no he podido cenar ninguna noche en casa, ni acostarme antes de la una de la mañana.
Tampoco lo haré ni hoy, ni mañana, ni el sábado...
Menos mal que el fin de semana será un poco más relajado (por eso de que no tengo que levantarme temprano para trabajar) y SÓLO tendré que acabar de comprar los regalos navideños (al igual que otros 3 millones de madrileños, que estaremos juntitos por la gran ciudad aprovechando el fin de semana) y preparar algunas comidas/eventos típicos de tan glotonas fiestas.
Además de las compras tengo que escribir chorrocientosmil posts para mis días de vacaciones (¡Que me voy a casa por navidad!), al menos en Monkeyzen, donde soy editora única.
En fin, todo un cúmulo de cosas que hace que mi agenda esté sobresaturada de información, cosas-que-hacer, sitios-donde-ir, hoteles-donde-reservar, viajes-para-planificar...
¡Dénme 12 horas más al día hasta enero! Prometo devolverlas a plazos.

Ilustración de Miumauorg.

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miércoles, noviembre 21, 2007

Beneficios de la lluvia: saliendo a pasear


Ayer fue uno de esos días lluviosos que siempre han escaseado en Madrid (y que yo había vivido toda mi vida en Galicia).
Ese tipo de días cambian totalmente el funcionamiento de la ciudad, que no sabe gestionarse bien estando mojada: los coches aparecen de la nada para formar atascos en los sitios más insospechados, los metros van terriblemente llenos, los autobuses nunca acaban de llegar...
La gente no sabe disfrutar de los días de lluvia fuera del típico (y maravilloso) mirar por la ventana con una taza de té mientras las gotas chocan en su intento por entrar a través del cristal. La gente no sabe que hay vida en la calle cuando llueve. Sólo es agua. Nosotros nos duchamos a diario, deberíamos estar acostumbrados.
Pues bueno, consciente de todos esos factores, ayer cuando salí de trabajar quedé con JFK para ir de compras al centro. Fue estupendo, porque todas las tiendas eran para nosotros, no había nadie molestando en la calle y las pocas gotas que caían formaban una banda sonora tan bucólica que hasta me dio por comprar el árbol de navidad (y prometo que hoy compraré las bolas).
Por desgracia no encontramos nada de ropa de la que queríamos (abrigos básicamente) y eso que estuvimos en nuestras tiendas de referencia. Es un horror constatar que he engordado. De ser un pollito pasé a ser un capón... tendré que ponerme a régimen estricto.
Pero no me saldré del tema, que era una oda a la lluvia en la calle, al paseo pasado por agua, a la tranquilidad prenavideña de la gran ciudad...

¡Salgan y disfruten!

Imagen de Ani Castillo

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lunes, noviembre 19, 2007

Nieva en Madrid y me entra el espíritu navideño


Esta mañana han caído los primeros copos de nieve (¿Agua nieve?) en Madrid y ya anda todo el mundo alborotado con lo de repente que ha llegado el invierno. Comienzan las previsiones más catastrofistas en cuanto al frío que pasaremos hasta que, en marzo, las alergias vuelvan a traernos un poco de paz en lo que a abrigos se refiere.
La llegada de la nieve siempre es un acontecimiento en esta ciudad, al menos para mí. Y todo ello a pesar de que sólo ocurre una vez al año (la polución de la ciudad evita que nieve en el centro como en la sierra o en los alrededores), aunque este año tengo la sensación de que ocurrirá más veces.

La nieve se me antoja como la representación de esa navidad idílica y utópica que nunca tuve y siempre quise tener. No creo en la navidad con su sentido religioso, pero me parece perfecto que se celebre el cambio del año, se hagan planes, se hagan regalos, la familia tenga una época para juntarse, para celebrar que se quieren y demás cosas sensiblonas que habréis visto mil veces en los telefilmes.

Este año he decidido que quiero poner un árbol de navidad en casa (a pesar de que Baldomero lo acabará decorando a su gusto, quitando hojas y bolas para esparcirlas por el resto de la casa), me encantan las bolas brillantes, como de discoteca, especialmente en color plata, azul y rosa. No me gustan los papás noeles, no me gustan los reyes magos, no me gustan los regalitos, pero sí me gustan las estrellas y las herraduras y eso será lo que lleve mi árbol (que, si me queda bien, se podría quedar una temporada más después de navidad, Baldomero mediante).

Es curioso que no creo en dios ni nada de eso pero tengo ganas de celebrar la navidad. Tengo ganas de juntarme con mi familia, de escoger regalos con mimo, envolverlos, ver las caras de alegría al recibirlos y también, cómo no, recibirlos yo misma.
Esta navidad no va a ser como las demás. He dado un salto cualitativo en mi estilo de vida, en mi forma de ver las cosas, en las ganas de compartir felicidad, gracias a las personas y felinos que me rodean.
Parece que me ha llegado el espíritu de la navidad con la nieve de esta mañana.

¡Os quiero a todos!

PD: Joder, qué ñoñería me ha salido... ¡Lo siento!

Ilustración de Mitzi Palenke

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