
Ayer fue un día redondo, en el que hice todo lo que tenía que hacer para sentirme bien conmigo misma.
Vine a trabajar por la mañana (el único punto positivo que le veo a esto es que me levanto temprano y los días que me resisto a la siesta los aprovecho muchísimo más. Eso sí, cuando caigo, caigo redonda).
Estuve de compras en un hipermercado de droguería. Maravilloso. Sólo había productos de baño, hogar y belleza... un placer para cualquier fémina coqueta. Todos los champús del mundo había. Finalmente me cogí un pintauñas de Bourjois y un gel de baño hidratante (en verano la hidratación debe ser triple, hermanas).
Me fui a casa, comí (había dejado la comida preparada del día anterior, porque cocinar a las 16.30 no apetece) y estuve viendo 2 capítulos de Alias, al tiempo que me hacía la pedicura con un barreño de agua, crema exfoliante para pies, crema nivea, una buena lima, jaboncito... para poder luego pintarme las uñas con mi nuevo pintauñas color porcelana.
Recogí la cocina después de la comida, y pensé en la cena y en la comida de hoy. Puse a descongelar los elementos necesarios y me fui a Spinning.
Ya aguanto toda la clase de spinning, pero lo hago sentada, todavía no me despiporro para arriba y para abajo... qué lío!!! Me relaja mucho la salida de esa clase, pero mientras estoy dentro me cago en todo... porque me resulta un pelín aburrido.
Tras la clase de Spinning volví a casa y entonces sí que preparé la cena: ensalada de arroz (sí, sé, no carbs after six, pero qué le vamos a hacer... quería esoooo) y la comida de hoy: unas salchicas francesas como de huevo, muy extrañas, hechas en salsa concentrada de tomate y a las que le añadiré un filete de ternera a la plancha.
¿Ven qué tranquila es la vida? Qué placer, hacía mucho tiempo que no estaba taaaaaan relajada...
Es más, si tuviera dinero me compraría un par de zapatos para hacer el momento un círculo perfecto.
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